Albada 267

(Sascha Alexander Schneider, 1901)





EL BROMISTA



(20 de noviembre de 2011)
Me gusta provocar, poner nerviosa a la gente, ver cómo reacciona ante un imprevisto, ante un peligro inmediato, incluso, por qué no, ante una feliz sorpresa. El caso es poder observar sus rostros presos del asombro; esa expresión de pasmo paralizante por el que pasan en un instante mil ideas, mil temores, mil deseos; escuchar las palabras simples y atropelladas ante el regalo y el halago inesperado, el vergonzoso quejido del disgusto, fuera de lugar y tono, ante el incidente fortuito o el desastre casual, la exclamación gritada mezcla de incredulidad y desconcierto ante la buena fortuna repentina… sí, me gusta crear confusiones, sembrar perplejidad, recoger desasosiego. Me pirro por observarles así, ya embrollados, casi aturdidos, y si es posible reírme a carcajadas delante de su misma cara; aunque esta última es la parte menos importante, la que menos me interesa: yo cuando más disfruto es preparando el “golpe”, acabando de perfilar la “trama”. Porque puede parecer que todo lo sucedido ha sido una sinrazón, la obra de un loco, de un insensato, pero no se confundan: cuesta mucho tenerlo todo dispuesto, que las piezas encajen, que nada quede sin calcular.
Pese a que algunos cuando me descubren me imprecan y hasta llegan al insulto, nunca han logrado ablandarme ni mucho menos que me pliegue a lo que la gente espera de mí; tampoco lo han conseguido con zalamerías ni halagos: yo sigo a lo mío porque ¿qué sería de la vida si todo fuera tan previsible, tan pronosticable? ¿Cómo hallaríamos una salida cuando todas las puertas las ha hundido el vendaval? ¿Qué escribiríamos en los diarios de aquellos días de plata?
Me llamo Destino aunque algunos me llaman bromista. Mi ocupación preferida consiste en desatar los hilitos que los humanos tejen con tanto esmero; los desato y los ato a mi placer y parecer, y entonces observo. Me siento a ver los resultados y alguna veces, las menos, al contemplarlos se me escapa una cómplice sonrisa y aún un suspiro.




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